Se permitió a los coches doblados adelantar al Safety Car, dejando a Verstappen justo detrás de para la última vuelta Verstappen adelantó a

La última vuelta llegó con la inevitabilidad de una ola. En el último sector, Max hizo su jugada: una maniobra precisa, casi imposible, que rozó lo punible y lo sublime. Los dos coches besaron el límite, neumáticos mordiendo el asfalto, y por un instante se detuvo el tiempo. Cuando cruzaron la línea, el resultado era una nota final escrita con polvo y gasolina.